
(Imagen sacada de la web)
Una cálida noche de abril, cielo estrellado e iluminado firmamento. Las estrellas brillan adornando el infinito, la luna hace su función de faro nocturno. Bajo una vieja acacia de tronco grueso y muchas ramas, se encuentra un joven solitario cansado de un largo camino, viste una armadura plateada. A sus pies un arpa vieja y sencilla. Ante sus pupilas las constelaciones que descubrieron los griegos en busca de sabiduría y ciencia. Sostiene una espada envainada. La mira, para el ese objeto inerte tiene vida es su compañera del camino.
Apoyado en el árbol, contempla el firmamento trata de hallar algo nuevo.
El brillo de la luna es reflejado en su peto metálico. Es el ultimo caballero de la orden, su nombre es Hallan.
Su entorno, llanos sembrados por hierbas silvestres rodean el acacia, pampas y cadenas de lomas cubiertas de pasto oscuro, a unos quince pies del árbol corre un arrollo trayendo agua desde las altas montañas. Observa alrededor, contempla el encanto natural que le rodea.
El único ruido es provocado por el agua que corre en el riachuelo, Agradable brisa fresca de roció nocturno humedece su rostro. Se levanta, cruje la coraza, deja su espada a su derecha y toma el pequeño arpa. Se sienta estrellando su espalda metálica con el árbol.
Pone el arpa en sus piernas de acero carbonizado y suavemente da vida a acordes musicales. Sus dedos rozan las cuerdas, profundiza su inspiración en el silencio de la noche. Busca en el infinito y profundo firmamento su mayor inspiración. Aquella mágica melodía la consagra dedicando todo su don y adoración al Creador.
Sus dedos trasforman la silenciosa noche en apacible y grata música. Da libertad a sus sentimientos y emociones, su única forma de desahogar y limpiar su alma de penas y tristezas producidas por las batallas.
Acorde tras acorde las notas se elevan. La naturaleza percibe la pasión con la que se desenvuelve el trovador.
Cada nota despierta sentidos de animales e insectos. Los grillos al oír la bella melodía se unen haciendo resonar nuevos trinos que el oído del hombre desconoce. Fusión de sonidos emitidos por sus patas traseras con las vibraciones de las cuerdas. En el cielo las constelaciones destellan en su máximo esplendor pestañando, latiendo sus corazones fulgurosos. La luna de plata esfera colosal aumenta longitud y circunferencia. A lo lejos el aullido de un coyote no cesa, víctima de esta extraña noche.
El alma del hombre aunada a las ánimas de la naturaleza, mezcladas con la magia del universo.
Comienzan a aparecer diminutas luces en medio de la oscuridad, vuelan girando danzan sobre las notas. Luciérnagas traídas por la brisa del Este para unirse al sublime concierto.
Una lechuza no deja de revolotear, silbando repetidas veces, sus plumas acarician el aire.
El viento también es invitado, sopla el rostro del muchacho acariciando su cabello, rozando la armadura, asiendo vibrar las cuerdas del instrumento, sacude levemente las hojas de la acacia. Trae consigo una fragancia única de esta parte del mundo, esencia mágica y admirable con aroma a mil flores. Mientras son sublevados los acordes, aumenta el grato polen en la atmósfera.
Apoyado en el árbol, contempla el firmamento trata de hallar algo nuevo.
El brillo de la luna es reflejado en su peto metálico. Es el ultimo caballero de la orden, su nombre es Hallan.
Su entorno, llanos sembrados por hierbas silvestres rodean el acacia, pampas y cadenas de lomas cubiertas de pasto oscuro, a unos quince pies del árbol corre un arrollo trayendo agua desde las altas montañas. Observa alrededor, contempla el encanto natural que le rodea.
El único ruido es provocado por el agua que corre en el riachuelo, Agradable brisa fresca de roció nocturno humedece su rostro. Se levanta, cruje la coraza, deja su espada a su derecha y toma el pequeño arpa. Se sienta estrellando su espalda metálica con el árbol.
Pone el arpa en sus piernas de acero carbonizado y suavemente da vida a acordes musicales. Sus dedos rozan las cuerdas, profundiza su inspiración en el silencio de la noche. Busca en el infinito y profundo firmamento su mayor inspiración. Aquella mágica melodía la consagra dedicando todo su don y adoración al Creador.
Sus dedos trasforman la silenciosa noche en apacible y grata música. Da libertad a sus sentimientos y emociones, su única forma de desahogar y limpiar su alma de penas y tristezas producidas por las batallas.
Acorde tras acorde las notas se elevan. La naturaleza percibe la pasión con la que se desenvuelve el trovador.
Cada nota despierta sentidos de animales e insectos. Los grillos al oír la bella melodía se unen haciendo resonar nuevos trinos que el oído del hombre desconoce. Fusión de sonidos emitidos por sus patas traseras con las vibraciones de las cuerdas. En el cielo las constelaciones destellan en su máximo esplendor pestañando, latiendo sus corazones fulgurosos. La luna de plata esfera colosal aumenta longitud y circunferencia. A lo lejos el aullido de un coyote no cesa, víctima de esta extraña noche.
El alma del hombre aunada a las ánimas de la naturaleza, mezcladas con la magia del universo.
Comienzan a aparecer diminutas luces en medio de la oscuridad, vuelan girando danzan sobre las notas. Luciérnagas traídas por la brisa del Este para unirse al sublime concierto.
Una lechuza no deja de revolotear, silbando repetidas veces, sus plumas acarician el aire.
El viento también es invitado, sopla el rostro del muchacho acariciando su cabello, rozando la armadura, asiendo vibrar las cuerdas del instrumento, sacude levemente las hojas de la acacia. Trae consigo una fragancia única de esta parte del mundo, esencia mágica y admirable con aroma a mil flores. Mientras son sublevados los acordes, aumenta el grato polen en la atmósfera.
Grillos, ranas, luciérnagas, escarabajos taladradores, coyotes, lechuzas, Viento, astros, flores nocturnas, riachuelo. Y el hombre, creando una fusión de sonidos, aquel mágico elemento llamado música.
El Creador recibió complacido aquella ofrenda de adoración. Desde el principio de los tiempos que no recibía una adoración de esa magnitud, era como volver al edén. Un concierto natural, con músicos de antaño.
Fueron varias horas… Al terminar el solemne réquiem, todo queda en silencio, Pareciera que el joven caballero siempre estuvo solo.
El rocío empapa el rostro del trovador humedeciendo y helando su armadura, Solo se oye el agua que corre en el manantial, produce sed...
Dejo el arpa en el suelo, se levanta, se oye crujir el metal, estira los músculos tullidos.
Da quince pasos en pendiente dirigiéndose al manantial, dobla sus rodillas apoyándolas en la hierba, se inclina a beber agua.
Ve su reflejo, lo observa detenidamente. Extrañado nota como su imagen es remplazada por el rostro de una bella mujer con rasgos de doncella, cabellos largos y lisos coronados por flores. Perplejo se pregunta el por qué de ese efecto.
Se mueve, cambia de posición. El reflejo sigue ahí. Gira a ver si hay alguien a su espalda, mira alrededor, solo se halla con el campo abierto. El ambiente comienza a oler otra vez a fragancia de mil flores.
No aparta su vista de aquella curiosa imagen. Divaga perdido en aquella mirada. Como si callera en un abismo de pétalos.
Belleza divina, mirada mística, experiencia enigmática pero confortable.
Sumerge su mano, intentando palpar aquel rostro perfecto. La doncella imita su acto. Solo palpa el frió agua. En el segundo intento se hallo con las piedrecillas del fondo. Al levantar su mano la imagen se extingue lentamente. Desdichado golpea el suelo.
Algo flota en el agua, lo toma. Es una extraña flor azul acampanada. La examina detenidamente, tiene el mismo aroma que soplaba el viento.
Ya bajo la acacia ole la flor, cierra sus ojos disfrutando la esencia.
-Buscadme...-Oyó un diminuto susurro en su oído, guardo la flor en su pecho.
Mañana será otro día de aventuras- Se dijo y se durmió.
-Buscadme caballero, buscadme…
El Creador recibió complacido aquella ofrenda de adoración. Desde el principio de los tiempos que no recibía una adoración de esa magnitud, era como volver al edén. Un concierto natural, con músicos de antaño.
Fueron varias horas… Al terminar el solemne réquiem, todo queda en silencio, Pareciera que el joven caballero siempre estuvo solo.
El rocío empapa el rostro del trovador humedeciendo y helando su armadura, Solo se oye el agua que corre en el manantial, produce sed...
Dejo el arpa en el suelo, se levanta, se oye crujir el metal, estira los músculos tullidos.
Da quince pasos en pendiente dirigiéndose al manantial, dobla sus rodillas apoyándolas en la hierba, se inclina a beber agua.
Ve su reflejo, lo observa detenidamente. Extrañado nota como su imagen es remplazada por el rostro de una bella mujer con rasgos de doncella, cabellos largos y lisos coronados por flores. Perplejo se pregunta el por qué de ese efecto.
Se mueve, cambia de posición. El reflejo sigue ahí. Gira a ver si hay alguien a su espalda, mira alrededor, solo se halla con el campo abierto. El ambiente comienza a oler otra vez a fragancia de mil flores.
No aparta su vista de aquella curiosa imagen. Divaga perdido en aquella mirada. Como si callera en un abismo de pétalos.
Belleza divina, mirada mística, experiencia enigmática pero confortable.
Sumerge su mano, intentando palpar aquel rostro perfecto. La doncella imita su acto. Solo palpa el frió agua. En el segundo intento se hallo con las piedrecillas del fondo. Al levantar su mano la imagen se extingue lentamente. Desdichado golpea el suelo.
Algo flota en el agua, lo toma. Es una extraña flor azul acampanada. La examina detenidamente, tiene el mismo aroma que soplaba el viento.
Ya bajo la acacia ole la flor, cierra sus ojos disfrutando la esencia.
-Buscadme...-Oyó un diminuto susurro en su oído, guardo la flor en su pecho.
Mañana será otro día de aventuras- Se dijo y se durmió.
-Buscadme caballero, buscadme…

Publicado en "Acelerador de visiones" Valparaiso 2009.
No hay comentarios:
Publicar un comentario