Sobre las ruinas se encuentra Nehemías el último sobreviviente de la resistencia.En pie, perplejo observa restos de concreto y humo. Las ruinas de lo que ayer fue la Gran Ciudad reducida a escombros.
Una brisa de destrucción sopla sacudiendo su cabello sucio. Olor a pólvora, sangre y descomposición, la fragancia de la muerte. Es medio día pero, la gran cantidad de humo oscurece el cielo.
Su corazón se triza compungido, lágrimas se asoman haciendo senderos al caer. Contempla la extinción de la humanidad, la desolación de la tierra.
Su vida es un Apocalipsis. Fugitivo de su pasado, sus manos sucias de sangre lo delatan.
Frente a sus pupilas dilatadas, pasa toda su vida como una presentación. Recuerdos de infancia; oculto bajo las cloacas de la ciudad. La muerte publica de su padre. La ejecución de sus tíos y abuelos. Los ojos azules de Eby, que a pesar de lo difícil que fue su vida, ella lo alentaba a continuar viviendo. También recuerda la destrucción de las cloacas. El exterminio de su clan…
Lluvia interminable de recuerdos; La dolorosa muerte de su madre. Su romance con Eby, aquel dulce refrigerio en medio de tanto dolor. El descubrimiento de su don, su gran arma. Y todas aquellas interminables batallas contra las potestades de la Bestia. Las muertes de sus amigos, la triste muerte de Eby. Secuelas que lo atormentan a cada instante.
Rizas, anécdotas, llantos y destrucción, esperanzas, muertes y explosiones…
Sin apartar la vista de las ruinas, le asalta un frió y amargo sentimiento. Traga saliva lentamente. No cesa de llorar en silencio. Una voz interior le advierte que huya, pero sabe que no debe seguir huyendo. Donde quiera que vaya, lo encontraran. Su destino es el mismo que padecieron sus compañeros, aquellos grandes soldados que murieron como verdaderos héroes. Sabiendo utilizar sus dones contra de la bestia y su interminable ejercito. Sus muertes no fueron en vano, supieron dar tregua aun cuando sabían que morirían luchando como feroces gladiadores. Sus armas fueron los grandes dones que les permitían domar los distintos elementos utilizando el octavo sentido, destruyendo y acabando con las fuerzas de la bestia, hasta su caída.
No resiste mas, es demasiada la presión que agobia su pecho. Cae de rodillas, rompiendo en llanto. Estallido de tristeza y nostalgia. Golpea con furia en concreto una y otra vez. Maldice su vida, y maldice a la Bestia. Su pecho se llena de odio y cólera. Cada milésima de segundo que transcurre, aborrece más a su enemigo.Llora y no puede dejar de hacerlo, Llora como un niño enfurecido dando libertad a todo su odio interminable.
Entre todo ese martirio se repite las preguntas de siempre; ¿Por qué, tubo que nacer en ese tiempo tan difícil? ¿Por qué, todos sus amigos y seres queridos murieron? ¿Por qué cientos de almas inocentes perecieron exterminadas? ¿Por qué miles de hombres libres, son esclavos?... Innumerables preguntas sin respuestas.
Encerrado en esa tormenta de recuerdos, levemente le ilumina un destello de luz, una pequeña gota de esperanza inunda su interior. Recordó aquella promesa que hizo sobre la tumba de Eby, de vengar su muerte y luchar hasta el fin por mejorar el mundo. Al pensar en Eby, recobra el juicio lentamente. Siente que ella le acompaña en espíritu, su muerte no fue en vano. Aun fallecida, su grandísimo don sigue haciendo efecto.
Su don era el amor, con el irradiaba esperanzas de vida a todos aquellos que le rodeaban, podía sanar y curar. Con ella florecían las plantas secas, la naturaleza recobraba su vitalidad, los animales recuperaban su espíritu. Cuando todo era tinieblas y oscuridad, iluminaba a su entorno. Brindando paz a quienes le veían.
Aún cuando la iban a ejecutar, muchos de los hombres de la Bestia fueron redimidos. Su muerte fue un arma de doble filo para la bestia. Despertando nuevas esperanzas de vida a los hombres del abominable. Muchos fueron conmovidos con su muerte, abrieron sus ojos oscurecidos, y vieron su decadencia. Osaron rebelarse contra la bestia, haciendo una guerra entre su mismo huestes.
Su pecho comienza a llenarse de buenos sentimientos, lentamente recobra las fuerzas y aquel ímpetu con las que luchaba junto a Eby y sus compañeros.
Se oye un gran estruendo que sacude todo el lugar. Maquinas de guerra se asoman en el horizonte, helicópteros, colosos robots, tanques y hombres volando...Una brisa de espanto y perdición invade las ruinas. Todo tiembla, sacudido por el gigantesco ejercito que se aproxima.
Un frío líquido recorre su espalda, su cuerpo tiembla, siente miedo como nunca antes, sus ojos llenos de pánico, no parpadean. Sabe que llego el momento, su tiempo se agota...
El viento sopla fuerte. La muerte en persona se aproxima con todo su poder…
Piensa en cada uno de sus amigos caídos, no puede rendirse. A pesar del temor que le agobia, el recuerdo de su amada le brinda tranquilidad y confianza.
Es el contra el mundo, el mundo contra él. Pero como hacerle frente, como luchar contra todas las fuerzas de la abominable, contra sus poderosos hombres, mitad humanos y mitad androides, mitad androide y mitad demonio.
Además, su don no es muy poderoso, incluso los dones de sus demás compañeros eran cuatro veces más potentes que el suyo. Su don es convertir cualquier materia en cristal, sus manos son su arma mortal. Pero como vencer a tan gigantesco ejercito con solo sus manos. Como derrotarlo si todos los que se opusieron a la bestia fueron extinguidos.
Un pequeño rayo de luz ilumina sobre él. Por fin pudo comprender por qué había sido el último. En tantas oportunidades hubiese preferido haber muerto junto a Eby, en vez de sufrir su muerte, pero ahora entiende por qué es el ultimo.
El tiempo se detiene. Respira profundo, infla su pecho, mira al cielo, suspira...
El ejército avanza velozmente destruyendo todo a su paso. Corren, hambrientos de sangre rebelde. Desean destruir a su maldito.
Para Nehemías el tiempo se detuvo, ya nada importa. Es el fin...
Sonríe. Levanta sus brazos, y los abre hacia el cielo. El último hombre libre cierra sus ojos, es una gota de agua en el desierto, un destello de luz en la oscuridad, un ave que desea volar...
Sonríe, como un loco que va a ser ejecutado. Sus labios secos suspiran los doce nombres de sus amigos generales, y el amado nombre de Eby.
Tomo la decisión final. Lagrimas vuelven a caer por sus mejillas. Son muchas las emociones que le invaden.
La tierra tiembla, ya no por el peso de las maquinas, sino conmovida por la decisión del muchacho. Las nubes negras desaparecen. Después de mucho tiempo el sol vuelve a aparecer.
Inhala, y exhala lentamente. Suspira. Grita como un guerrero, con la voz de su alma libre. Su grito estremece a la Bestia, a su ejército y al mundo entero. Es esparcida una poderosa onda. Una tras otras, innumerables ondas acompañadas de un poder sobrenatural que cristalizan todo a su paso...
En su interior descubre que es la última carta, la última jugada que puso en jaque mate a la Bestia. Fue el escogido para dar fin a toda destrucción, condenando a la Bestia y a su ejército a morir, convirtiéndolos en figuras inertes. En un ejército de cristal...
Todo lo existente, todo material y lo viviente, la tierra en su plenitud quedo convertido y transformado en cristal.
Y en lo más alto de la maza cristalina, brilla la figura de un ser, con brazos abiertos. Una estatua de rubí, símbolo de esperanza y libertad... Una estatua de cristal.

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